Solo me acuerdo de que un día me olvidé de quién era y desde entonces ya no soy.
Los vientos del olvido me soplan al oído palabras envenenadas.
Me lanzan certeros dardos con precisa cerbatana.
Yo los esquivo a duras penas.
No sé por qué sigo intentando esquivar lo inesquivable,
alargar lo perentorio.
Así como se culpa a los pájaros de abril
por llevarse la fría comodidad de las mañanas invernales
en su vuelo migratorio.
Así culpo a mis recuerdos por su ausencia.
ausencia.